martes, 23 de junio de 2009

OBSERVANDO LA RUGOSIDAD DE LAS PAREDES. TERCERA PARTE

Sí, sí, ya sé que he tardado una eternidad en sentarme delante del ordenador para volver a mostraros, simples mortales, las ocurrencias ociosas de un ser superior, y no me refiero a Florentino-melocomprotodo- Pérez, aunque la verdad es que no me importaría tener su dinero, lo de ser presi del Madrid no, que desde pequeño me enseñaron que la mierda no se toca.

Como os estaba contando soy consiente de mi retraso editorial, pero a una cosa le sigue otra y luego otra, y entre obligación y devoción el tiempo desaparece por el sumidero de la memoria dejando un aroma que en conjunto sólo un ignorante, alguien que todavía, ya sea por inocencia o por edad no se haya asomado al abismo y haya comprendido que, en mayor o menor medida dependiendo de su valía y honor está irremediablemente jodido podría considerar agradable.

Bien, o regular o mal, ahora hablemos de las focas, y más concretamente de la más que famosa, por polémica, matanza de focas que se lleva a cabo cada año de nuestro Señor en Canadá, uno de esos países que casi nunca salen en los medios de comunicación de masas, o como dirían los hippies trasnochados "en los elementos de manipulación masiva de los imperialistas"... En fin, la mayoría de esa gentuza madurará y dejará de escupir flemas cuajaditas de ideología podrida con el viento en contra. La mencionada matanza provoca cada año interminables ríos de tinta en contra, debido a la terrible muerte que sufren los animales y al peligro que supone esta caza para el futuro de la especie. Si ahora mismo tuviera delante al personal que defiende esta postura le dedicaría una sonora y larga pedorreta, ni el futuro de esta especie está en peligro, como ha quedado demostrado científicamente con numerosos estudios que no me tomaré la molestia de nombrar porque este argumento me lo acabo de inventar, ni la muerte de esos sacos de grasa, me refiero a las focas, es tan cruel, siempre hay algún torpe que no atina bien dejando al bicho hecho un cristo, pero la inmensa mayoría de los animales muere rápidamente. Además, si se propusiera una muerte innegablemente más rápida como por ejemplo una descarga eléctrica, los colegis de la naturaleza se seguirían negando, fijo que incluso dicen que esta técnica es, además de cruel, contaminante.

Lo que me jode de, al menos parte de estos personajes, es esa idea de que todo lo natural es sagrado, de que no debemos herir en modo alguno a la madre tierra y tal. Una cosa es intentar no joder mucho el entorno y otra pasar por el mundo dejando como única señal de dicho paso un susurro de amor por la naturaleza arrastrado por el viento. En resumen, si me quiero comer un chuletón me lo como, jodeos conservacionistas capullos.

Bueno, por hoy creo que ya he hecho suficientes amigos, hasta la próxima.

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